Haiti en mi corazón
La dolorosa realidad que golpea a los ciudadanos de Haití no puede ser descripta. No alcanzan las palabras, las imágenes ni los videos que giran alrededor de los medios de comunicación en estos días para entender qué es lo que ha sucedido.
Más de 150.000 hermanos han perdido la vida en un instante.
Seguramente no exista una explicación que pueda calmar todo el dolor que deben estar sintiendo en este momento los familiares y allegados de las víctimas de aquel terremoto que se sucedió el pasado 12 de Enero del 2010.

Cuando este tipo de tragedias se producen, nuestros cuerpos alejados del epicentro se desestabilizan. Sentimos el dolor a la distancia y toda la energía que recorre nuestras almas no puede desentenderse del impacto. Pasamos a sentimos algo tan pequeño como una simple gota de agua que en cualquier momento se estrellará contra las rocas.
Pero no debemos olvidar que muchas gotas juntas pueden dar vida a una lluvia fresca y esperanzadora. Una lluvia que rocíe de amor y fuerza a los ciudadanos de Haití.
Solo nos queda ayudar. De la manera que nos resulte más fácil y a nuestro alcance. Por medio de oraciones, realizando donaciones, pensando en aquellas personas que tenían sueños, deseos, y que esperaban seguramente vivir un día más y que no han podido continuar en la lucha por su libertad.
Todos nosotros, que aún contamos con la bendición de la vida, tenemos la obligación de no quedarnos con los brazos cruzados. Este movimiento sísmico no afectó solo a Haití sino al mundo en el que los hombres vivimos y como sobrevivientes debemos valorar cada nuevo día respetándolo y haciendo todo lo posible para que este mundo sea habitado por mejores personas.
Siento un dolor intenso por este suceso. Una necesidad imperiosa de contemplar en silencio la energía vibrante que se respira en esta habitación. Eso mismo que tal vez siente tu cuerpo y que te recuerda a cada instante que estás vivo y que tienes mucho por hacer. ¿Ahora sientes el incalculable valor que tiene el estar vivo?
Por mi parte intentaré que cada nuevo día en mi vida ayude a cumplir el sueño de cada uno de estos hermanos fallecidos.
Por un mundo libre y en paz. Mi corazón está ahora allí, con todos ustedes.
Imagen | reuters – Lanacion





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